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Si no sabes esto, no podrás aprender inglés.

Actualizado: 3 dic 2022






Hace cinco años me parecía que dominar el inglés era una tarea titánica. Es decir, podía leerlo, entender muchas reglas gramaticales, estructurar frases simples, pero era incapaz de entenderlo de forma oral y mucho menos hablarlo.


Por más que lo estudiaba, era como si mis oídos se negaran a escuchar. Lo único que podía percibir era un murmullo y palabras aisladas que no tenían ningún sentido. Muchas veces encendía la radio pública de Orlando, la cual recomendaban mis profesores como una excelente herramienta para practicar mi LISTENING, pero al cabo de unos minutos solo lograba que mi cabeza doliera.


En muchas ocasiones me ponía a leer en voz alta frente al espejo para practicar mi SPEAKING con resultados poco alentadores. Sentía que mis labios y mi lengua tomaban direcciones opuestas, no se ponían de acuerdo, por lo que terminaba mordiendo la lengua a cada rato. Me sentía torpe. Ningún sonido en inglés sonaba natural cuando salía de mi boca adolorida.


¿Qué estaba mal conmigo? ¿Por qué el inglés parecía más sencillo cuando lo leía en forma silenciosa que cuando intentaba escucharlo o hablarlo?


La dificultad de un idioma es inversamente proporcional a la motivación para aprenderlo, Reg Hindley

Algunos me decían que era que no estaba pensando lo suficiente en inglés, pero ¿qué significa realmente pensar en inglés? Podía entender la teoría pero no podía forzar a mi cerebro a pensar en un idioma que no fuese español.


Otros me aconsejaban que tuviera paciencia que poco a poco lo dominaría. Pero yo quería aprenderlo rápido. Necesitaba aprenderlo rápido. Por un lado, como madre, sentía que mientras mas inglés supiera, más podría ayudar a mis hijos en la escuela y como maestra sentía que era una gran responsabilidad dominar bien el segundo idioma para luego poder impartir clases en inglés.


Pues con el tiempo entendí, que si no tienes paciencia y respetas tu propio y natural ritmo de aprendizaje, tal cosa como pensar en inglés jamás ocurriría. Así que decidí tomar las cosas con calma.


Mi pequeña, de cinco años para ese entonces, en tres meses ya estaba hablando y leyendo en inglés acorde para su edad. Eso me hizo reflexionar sobre la manera en que ella estaba aprendiendo y la manera en que yo lo estaba haciendo. Para ella era como un juego. Al inicio, repetía como un loro lo que escuchaba, aunque no tuviera sentido, ella no tenia pena, aprender inglés era como una aventura. Ella era el perfecto ejemplo de que la paciencia y la diversión son elementos claves en el aprendizaje.


Para mi hijo mayor, que en ese momento tenía 10 años, el inglés no era una aventura, era una pesadilla. Él ni siquiera quería hacer el esfuerzo de aprenderlo, simplemente lo rechazaba. Pero en seis meses ya estaba comunicándose de forma fluida con sus maestros y amigos de la escuela. Su maestra, aunque no hablaba español, le tuvo paciencia y respetó su ritmo de aprendizaje. Observó y analizó cuales eran las fortalezas de mi hijo como aprendiz y cuales eran las áreas donde ella debía enfocar su enseñanza.


Adicionalmente se tomó el tiempo de conversar conmigo, claro a través de un interprete, pero comunicación al fin. En esa reunión ella aclaró que se necesitaba para pensar en inglés. Para aprender a pensar en inglés o en este caso ayudar a mi hijo a hacerlo, yo debía reforzar en casa todos los conocimientos que aprendía en la escuela, pero en ESPAÑOL. Sí, como lo acabas de leer en ESPAÑOL. La maestra me aconsejo que me olvidara del inglés, que ella se encargaría de esa parte, mi misión era reforzar el lenguaje materno de mi hijo, su español.


Es decir, si la maestra daba fracciones en la escuela en inglés, yo tenia que explicarle lo mismo en español en casa, o si había una tarea de lectura, yo debía traducirla, analizarla en español, y luego dejarlo solo para que él completara su tarea en inglés, aunque no fuera perfecta sino haciendo uso del inglés que poco a poco él iba aprendiendo. Tal vez yo debía hacer lo mismo conmigo misma. Pensar en Español y luego intentar pensar lo mismo con el inglés que había aprendido hasta ese momento. Al principio no era perfecto, pero era un gran avance.


Ayudando a mis hijos a aprender en la escuela, aprendí a tenerme paciencia como aprendiz de inglés y logré finalmente pensar en ese idioma. Por supuesto, eso no ocurrió de la noche a la mañana, pero sí puedo garantizarte que mientras más motivada y relajada estaba, más fácil era entender a alguien hablando en inglés.


Esta motivación se aplicaba igualmente a mis hijos. Mi hija pequeña, logró dominar más rápido el inglés porque desde un inicio estuvo motivada a hacerlo. Para mi hijo, el proceso fue más lento porque al inicio no había nada de motivación solo rechazo, sin embargo, la excelente intervención de su maestra poco a poco encendió esa chispa y luego de un tiempo su motivación se incrementó al igual que su aprendizaje, superando así las dificultades.


Para mí el camino fue más largo, porque durante mucho tiempo me presionaba al extremo en vez de motivarme. La presión solo hacía que las dificultades en pronunciación y comprensión auditiva se incrementaran, mientras que cuando presté atención a la forma en que mis hijos estaban aprendiendo inglés, y comencé a relajarme, la motivación se incrementó y abrió todo un mundo de nuevas oportunidades de aprendizaje.


Así que si hoy tú te encuentras en una situación similar a la mía, ya sea en los Estados Unidos o en otro país donde tus hijos deben recibir clases en un idioma diferente al español, no desesperes, solo busca una motivación tan poderosa que te guíe a ti y a tus hijos a superar las dificultades del nuevo lenguaje.


¡Y si no encuentras esa motivación, cuéntame tu historia en los comentarios, para mí será un placer poder ayudarte a encontrarla!



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